Respuestas y comentarios a la carta de Lluís M. Anglada «Reflexiones sobre posibles razones de una minorización profesional excesiva y propuestas para su reversión»

Anglada, Lluís M. (2021). “Carta: Reflexiones sobre posibles razones de una minorización profesional excesiva y propuestas para su reversión”. Profesional de la información, v. 30, n. 6, e300604.
https://doi.org/10.3145/epi.2021.nov.04

1. Document
Col·legi Oficial de Bibliotecaris-Documentalistes de Catalunya
Addenda a “Carta: Reflexiones sobre posibles razones de una minorización profesional excesiva y propuestas para su reversión”
4 de noviembre de 2021

F. Xavier González Cuadra presidente del Col·legi de Bibliotecaris-Documentalistes de Catalunya (Cobdc):
https://www.cobdc.net/document/noticies/addenda-carta-reflexiones-sobre-posibles-razones-de-una-minorizacion-profesional-excesiva-y-propuestas-para-su-reversion

2. Biblioteconomía de guerrilla
La de bibliotecario es una profesión minorizada, y nuestro silencio es cómplice en ello
5 de noviembre de 2021

Evelio Martínez-Cañadas
https://biblioteconomiadeguerrilla.wordpress.com/2021/11/05/la-de-bibliotecario-es-una-profesion-minorizada-y-nuestro-silencio-es-complice-en-ello

3. Buceando entre documentación jurídica
La necesidad de dar un impulso al profesional de la información
7 de noviembre de 2021

Fernando Gascó
https://buceandoentredocumentacionjuridica.com/2021/11/07/la-necesidad-de-dar-un-impulso-al-profesional-de-la-informacion

4. Re: Acerca de las Reflexiones sobre posibles razones de una minorización profesional
Nota enviada por la lista IweTel
15 de noviembre de 2021

Xavier Agenjo-BullónFundación Ignacio Larramendi
https://listserv.rediris.es/cgi-bin/wa?A2=IWETEL;fab098d.2111c&S=

Como todos sabemos Lluís Anglada tiene una línea personal ejemplar desde hace ya nada menos que cuarenta años, sobre todo en el campo de la automatización de bibliotecas (es uno de los pioneros del formato MARC) y, lo que es más difícil, su organización, que en términos técnicos se define como biblioteconomía, palabra poco utilizada en estos tiempos y que creo es una de las raíces del mal que él analiza.
Así mismo, está apostando por una de las líneas más importantes que tiene que desarrollar nuestra profesión, la ciencia abierta.
Lluís, además de llevar a cabo una serie de tareas técnicas, desde el formato MARC hasta la ciencia abierta, nos sacude la modorra periódicamente con reflexiones estratégicas. Dado que son muy pocos los profesionales que lo hagan y nadie con más visión y conocimiento que él es bueno fijarse detenidamente en lo que dice. Muchas veces Lluís me recuerda a Lorcan Dempsey.

Lo que dice Lluís se resume muy bien con la expresión ‘minorización profesional’, pero lejos de limitarse a entonar una jeremiada establece una serie de propuestas para su reversión. En resumidas cuentas estas son: formarnos, politizarse y agruparnos. No se puede estar más de acuerdo con estas palabras.

Ahora bien, voy a utilizar un símil o una analogía que no sé si se va a entender bien, quizá no es una analogía válida o a lo mejor no está bien formulada. Yo diría que una biblioteca, un archivo, un centro de documentación o un museo, insisto en que es una metáfora, sirve para que unos profesionales médicos y enfermeras curen a los pacientes. Los de mantenimiento son los informáticos y nunca deben tener más que esa función, mantener los sistemas, no tomar decisiones. 
Y por otro lado tenemos a los equipos gerenciales que mucho me temo que son tan incapaces en el entorno hospitalario como en nuestras instituciones. Por supuesto, he dicho enfermeras no solamente porque como dice Lluís los bibliotecarios, archiveros, museólogos constituyen una profesión muy feminizada, pasando de la anécdota a la categoría como habría dicho D’Ors, que no en vano estableció la primera escuela de bibliotecarias e impulsó la Biblioteca de Cataluña.

Yo creo que uno de los mayores problemas que tenemos con la formación actual es que las escuelas de bibliotecarias, los grados de documentalistas y los másteres infonomistas (nótese la gradación) quieren enseñar a ser médicos y no enfermeras. Yo conozco más de un caso que después de tres o cuatro años de grado, o uno o dos años de máster, el presunto infonomista no sabe en detalle el formato MARC. 
Es decir, no sabe poner una inyección, cuando en cinco años hay que saberse el formato MARC hasta el último dólar, así como BIBFRAME, METS, PREMIS, ALTO, MIX, MODS, etc. de forma práctica. Ahora bien, tengo la impresión, incluso la certeza, de que estas actividades prácticas no están bien consideradas por el profesorado de las instituciones docentes.

Por lo tanto, no se puede dar el paso de utilizar las herramientas de Linked Open Data para interactuar con la red. Yo creo que esta es la asignatura pendiente, hacer que las bibliotecas, los archivos, los centros de documentación y los museos interactúen con el mundo real a través de la tecnología. 
Poco a poco se está consiguiendo, pero no demasiado, que el registro de autoridad se vincule con vocabularios de valores, incluída Wikidata u otros, para desembocar en Google Knowledge Graph, por ejemplo. Y con ello formar parte de todos los posibles recursos de información digital que se crean y actualizan constantemente en la Web. Es decir, pasar de un, digamos, registro MARC a un objeto digital estructurado conforme a una ontología bien definida, como por ejemplo Europeana Data Model, o yendo un poco más allá con la ISO 21127. Los bibliotecarios, los archiveros, los museólogos, no tienen que estar esperando a que sean los usuarios, humanos o no, los que consulten la información, sino al revés, interactuar con ellos a través de la tecnología Linked Open Data. 
Esta aspiración se ha llegado a concretar en las siglas LOD-LAM o LOD-GLAM [Linked Open Data in Libraries, Archives, and Museums o Linked Open Data in Galleries, Libraries, Archives and Museums].

Y esto nos lleva a otro punto, a la terminología. No tiene ningún sentido pretender cambiar palabras que son de uso común como biblioteca, bibliotecarios, archivos, archiveros, etc. Hace muy bien Lluís en sacar a colación el caso de la Library Association que cambió su nombre a las incomprensibles siglas CILIP [Chartered Institute of Library and Information Professionals], lo cual confirma la imparable decadencia inglesa. Cualquiera que sea aficionado a esa literatura, que lea su prensa (malísima), o que vea series o películas, apreciará que de cuando en cuando aparecen bibliotecarios como personajes y al igual que en España, quizá un poquito menos, les llaman ‘librarians’. Ningún personaje entendería lo de CILIP, como ningún estudiantes de una universidad dice que va a un CRAI a estudiar o consultar unos textos, lo que hace es acceder a la información de forma digital, esté en la biblioteca, en el CRAI o en cualquier otro medio de información.

En ese mundo de Internet, que en realidad tendría que llamarse la Web, tienen que estar los objetos digitales creados por las bibliotecas en pie de igualdad y si es posible en mejores condiciones que los generados por cualquier productor de información. Desde luego, los registros bibliográficos de las bibliotecas públicas o universitarias, y no hablemos de los archivísticos o museológicos, se mantienen en unos estándares de información parados en el tiempo hace 25 o 30 años. No solamente es cosa de la falta de calidad de los softwares, sino también de la deficiente formación de los profesionales, que aunque trabajen en un CRAI crean unos registros bibliográficos con cinco o seis campos y ningún vínculo al exterior. La ciencia será abierta o eso se quiere conseguir, pero los registros no pueden ser más cerrados.

Cuando yo considero la calidad de las catalogaciones de las publicaciones académicas, digamos nativas, con la información de los objetos digitales de los grandes editores científicos me llevo las manos a la cabeza. Qué registros tan pobres en el primer caso y qué riqueza de vínculos, de enlaces entre aplicaciones en los últimos.

La calidad de nuestro trabajo tendría que ser nuestra primera reivindicación, y cuando digo nuestra me refiero a las incontables asociaciones que atomizan nuestra profesión, lo que proporciona una fuerza muy débil. De cuando en cuando salta a nuestros medios de información (me viene ahora a la memoria lo de Murcia) vemos claramente que no hay ninguna asociación que denuncie una injusticia e intente hacer presión ante las autoridades políticas y sobre todo en los medios de comunicación. No sé si alguien se ha tomado la molestia de calcular cuál es el número de bibliotecarios que están asociados a cualquier organización. Yo recientemente dividí el número de bibliotecarios por el número de asociaciones y tuve que ir a tomarme una copa de coñac.

Una asociación nacional con fuerza podía plantear a los poderes públicos un espacio para sus reivindicaciones, lo que se traduce en dos cosas, presencia en los presupuestos y presencia a la hora de la elaboración de leyes. Creo, y si estoy equivocado pido disculpas, que REBIUN ha dejado de estar dentro de la CRUE. Si esto es así y no ha habido un clamor profesional es que no tenemos remedio. 
Supongo que sabréis que se está elaborando una nueva ley de patrimonio para sustituir a la de 1985, que en mi opinión ha sido sumamente provechosa tanto para nosotros los profesionales como para la sociedad a la que servimos. Pues bien, nuestra primera tarea sería sin duda personarnos de forma orgánica en los ministerios o en las comisiones del Congreso que la están elaborando para exigir que la visión que tenemos de nuestra profesión se contemple en ese proceso, para que no nos pase igual que con los planes como el de España Digital 2025 que se han ido publicando en los últimos meses.

Ahora bien, ¿tenemos claro lo que queremos?

5. Re: Acerca de las Reflexiones sobre posibles razones de una minorización profesional excesiva y propuestas para su reversión
Nota enviada por la lista IweTel
16 de noviembre de 2021

Francisca Hernández-Carrascal, Digibís

Estimados colegas:

Hace ya más de tres semanas que Tomàs Baiget resaltaba el texto de Lluís Anglada «Reflexiones sobre posibles razones de una minorización profesional excesiva y propuestas para su reversión». Eso fue el 28 de octubre de 2021.

A estas reflexiones Xavier Agenjo ha aportado sus razones hace un par de días.

Parafraseando a Xavier, dos pesos pesados de la biblioteconomía española nos sacuden la modorra. Aquí va mi desmodorramiento, o lo que sea, ustedes perdonarán.

Para empezar, estoy totalmente de acuerdo con las reflexiones de Lluís Anglada y de Xavier Agenjo, creo que son totalmente compatibles. Y me llama la atención, yo misma me llamo a capítulo, la escasa respuesta que han tenido en esta lista ambas reflexiones.

No voy a pasar por alto el tema de la feminización de la profesión, que ambos han señalado y con razón. Nuestra profesión es una profesión de mujeres, subalterna, auxiliar, auxiliadora, un amago de profesión como si dijéramos, a la altura de nuestras capacidades reales (espero que se note la ironía). Y una parte de la importancia global de la profesión se deriva también del hábito mayoritario de las profesionales de no sobresalir, no asumir responsabilidades, seguramente porque tienen otras cosas que atender. Hay un techo de cristal, pero también un suelo, seguramente son el mismo problema.

El hecho de ser mayoritariamente mujeres no puede hacernos sentir víctimas de una confabulación, o al menos no es algo que tenga que durar décadas. Hasta ahora ha sido así, pero no tiene por qué continuar siendo así. Creo que no debe valernos como justificación de la minorización de la profesión el hecho de que la desarrollen mayoritariamente unas ‘pobres’ mujeres. Podría contar muchas anécdotas de cómo se lleva a cabo en la práctica esta minorización, de muestra un botón, sólo cuando te encuentras en una reunión en la que la mayoría son hombres te das cuenta de que se empiezan a tomar decisiones.

Por muchas mujeres u hombres que haya en la profesión no se entiende que entre todos no seamos capaces de emitir puntos de vista comunes y políticos, aunque sean variados, aunque difieran. Parece más bien una cuestión de que no somos capaces de emitir una visión de en qué consiste nuestra profesión, de qué hacemos, para qué somos útiles.

Según Lluís Anglada la ‘función de cuidar o curar la información se ve cada vez más necesaria’. También dice:

«Visto retrospectivamente, creo que nos hemos descrito pensando demasiado en lo que hacemos en relación con la información o la documentación (la facilitamos, la organizamos, la gestionamos…) y menos de lo que hubiéramos debido en lo que aporta la información facilitada, organizada y gestionada».

Creo que este es el quid de la cuestión, que somos dos profesiones, una la tradicional que facilita, organiza y gestiona, y otra… que tiene que preguntarse de nuevo para qué sirve hacer todas esas cosas, a quién sirve y qué función social realiza en el mundo actual con toda su tecnología, si es que la realiza porque la tecnología lo cambia todo.

Estoy también de acuerdo con Xavier Agenjo en que hay dos entornos en los que realizar esas funciones, el tradicional, que continua manteniendo como medio tecnológico, al parecer insuperable, los OPACs opacos de los años 90 (en archivos y museos, casi peor aún), y la web actual, semántica, vinculada, enlazada, enriquecida… No se puede hacer una planificación estratégica de nuestros servicios a un nivel superior al de nuestras instituciones sin tener en cuenta las normas y protocolos que se han ido asentando en los últimos años en la web actual, especialmente los que se refieren a la web en general, no únicamente a los archivos, bibliotecas y museos. Es decir, Web Semántica, Linked Open Data, SPARQL, Schema.org, IIIF, OAIS, el mundo Wikimedia, reutilización de datos que sean verdaderamente reutilizables, CRIS, FAIR, datos abiertos… ciencia abierta. En resumen, salir a la calle a que nos dé un poco el aire y que nuestros vecinos nos vean.

Me parece que no tenemos mucho que decir sobre nuestra profesión en el momento actual porque lo que sabemos es de la profesión que era antes de cambiar el siglo. En esto tiene mucho que ver el grado de envejecimiento de los funcionarios en general y de los bibliotecarios en particular (aunque ya se ve que Lluís y Xavier están en forma), pero también, sin lugar a dudas, la formación de los nuevos profesionales. Una gran parte hacemos lo que llevamos mucho tiempo haciendo, y los nuevos profesionales no saben qué hacer ni en el viejo entorno ni en el nuevo. Más vale que no nos pregunten qué opinamos. O más bien, yo creo que por eso no nos preguntan.

Merece mención aparte la apolitización de las organizaciones profesionales y yo diría también que de los profesionales. En un mercado laboral tan dividido, los funcionarios con unas buenas condiciones de trabajo (en general) y los ‘de la empresa’ con una situación laboral precaria o sobre el mínimo, es lógico pensar que las organizaciones profesionales hayan huido de convertirse en un sindicato de transmisión de las reivindicaciones laborales. Los grandes sindicatos ya saben que son más fuertes cuanto más trabajo hay y que a más paro o mayor precariedad mayor debilidad reivindicativa. Esto es lo normal, habría que hablar fundamentalmente de la apolitización de los profesionales con trabajo seguro, estable y bien remunerado. Yo diría más bien que todos nos hemos apolitizado informacionalmente, las organizaciones profesionales son solo un reflejo de la apolitización general. ¿Pero, es apolitización o desubicación? ¿Qué políticas vamos a proponer si no sabemos a lo que nos dedicamos, si no sabemos para lo que servimos? Seguramente muchos me dirán, ¡claro, que sé para qué sirve mi trabajo!… Pues esa es parte de la solución pensar, decir para qué sirve nuestro trabajo y cómo debería cambiar para que sirviera a la sociedad actual.

Un cordial saludo.

6. Re: Acerca de las Reflexiones sobre posibles razones de una minorización profesional excesiva y propuestas para su reversión
Nota enviada por la lista IweTel
17 de noviembre de 2021

Elisa Garcia-Morales, Inforárea

Hace unos días que tengo en la lista de tareas mi aportación a este debate que considero importante.

Al igual que a Francisca Carrascal, me sorprende el escaso eco que ha generado.

Lo que más me gusta del trabajo de Lluís es que una vez hecho el análisis propone soluciones. Y en ese sentido quiero huir del aspecto «calimero» de nuestra profesión. Desde que me inicié en ella no he dejado de oír lamentos sobre lo poco considerad@s y lo maltrarad@s que somos. A pesar de ello, en casi treinta años de desempeño me he encontrado con muchos colegas y profesionales que lejos de estar minorizados han sabido convertirse en piezas clave de sus empresas organizaciones, y/o del entorno en el que desempeñan su trabajo. ¿El posible que se oiga más el ruido de fondo del lamento inmovilista que los logros de quienes defienden activamente su posición en la sociedad de la información?

Primera conclusión: es esencial vender lo que hacemos y mejorar nuestra capacidad mediática para transmitir para qué sirve nuestra profesión. La labor de las asociaciones en esta campaña de imagen y marketing de la profesión debiera ser esencial y !ojo que las asociaciones somos nosotros mismos! Pero ahí llegamos a la fragmentación ¿quién vende eso? ¿la asociación de archiveros, la de bibliotecarios, la de documentalistas, la de mi sector, la de mi pueblo, la de mi autonomía?

Personalmente siempre he sido contraria a la fragmentación de la profesión. Cursé estudios de archivística y posteriormente de documentacion; tuve que hacer inmersión en la biblioteconomía porque era lo que demandaba el mercado en los años 80. Mis conocimientos me han permitido incursionar en el campo de la gestión de datos, de la gestión conocimiento, de la preservación digital y en definitiva de todo aquello relacionado con la gestión y el gobierno de la información.

Pues mi recomendación aquí sería: unamos esfuerzos y «fomentemos la transversalidad». Pero esto tiene que llevar asociado una curiosidad intelectual por lo que hacen los otros, un compromiso personal por el aprendizaje continuo y nuestra participación activa en las asociaciones. También en este punto es esencial la labor de los profesionales que están en las universidades.

Estoy orgullosa de mi profesión y nunca me ha importado mucho cómo denominarme, pero el nexo central de cualquier nombre ha sido la «organización de la información» y eso es algo que todo el mundo entiende. He tenido la oportunidad de participar en proyectos de muy diversa índole, apasionantes, innovadores e importantes para la sociedad y para las empresas, administraciones y organizaciones. Sigo continuamente lo que hacen otros colegas profesionales aquí y en otros países y me maravillo de sus aportaciones. No olvidemos que gigantes de nuestra economía tienen sus raíces en nuestro sector: los libros (Amazon), la recuperación de información (Google), los índices de citas (Thomson Reuters) y otros muchos casos en el ámbito TIC.

Cambiemos nuestra forma de mirarnos y profundicemos en todo lo bueno que podemos aportar en un mundo en el que la información es un bien esencial. Ya se sabe: «camarón que se duerme se lo lleva la corriente»; hay que estar despiertos y atentos, o serán otros los que ocupen nuestro espacio profesional y !vaya usted a saber cómo se llamarán!

7. Re: Acerca de las Reflexiones sobre posibles razones de una minorización profesional excesiva y propuestas para su reversión

Nota enviada por la lista IweTel
17 de noviembre de 2021

Luis Ángel García Melero

La carta de Lluís Anglada, que venimos comentando, me gustó, pero no me sorprendió. Tal vez se deba a que mi familia ha conocido la historia de las bibliotecas desde 1915 hasta el 2017. La verdad es que los políticos no se han interesado mucho por los archivos, bibliotecas, museos y centros de documentación en todo ese periodo. Quizá un poco durante la Segunda República y en la década de los años 1990 en los que, sobre todo, las bibliotecas universitarios tuvieron un importante resurgir.

La abulia existente en el presente respecto a estos centros de la memoria y de la gestión del conocimiento, es un fiel reflejo de la sociedad actual individualista, efímera, líquida, virtual, barroca incluso. Si en plena pandemia no se está potenciando al máximo la sanidad pública, ¿cómo pretendemos que los políticos se preocupen de estas profesiones? Si no se alcanza un acuerdo estatal sobre la instrucción (la educación es labor de los progenitores), ¿cómo queremos que se fijen en estos centros?

Lo grave es que todo se está produciendo en las puertas del cambio drástico que va a suponer la digitalización, la internet de las cosas, la inteligencia artificial y la robótica. Esta revolución va a afectar a todos los sectores de la sociedad de los países desarrollados. 

Hace casi treinta años que las bibliotecas y los archivos vemos cómo han perdido importancia, por aquello que me dijo un alto cargo de la política española a la cara: ¿para qué necesitamos las bibliotecas si todo está en internet? Entonces me enfadé, pero hoy casi le doy la razón: desde que me jubilé en el año 2011, no he vuelto a una biblioteca. Busco y recupero la información que necesito en las bases de datos, catálogos y repositorios accesibles a través de las redes de telecomunicaciones; visualizo, adquiero o me descargo los objetos o documentos que preciso; cada día efectúo más transacciones de toda naturaleza por internet. Y todo desde mi casa, mientras escucho música en streaming o veo una película o una serie de una distribuidora / productora de contenidos audiovisuales. Incluso me conecto con mi médico para consultarle unas molestias físicas o para que me intérprete unas pruebas accesibles en línea para los dos. Amigos míos, la vida no es la misma de hace unos años.

En este contexto, ¿en qué consiste ser bibliotecario? En lo mismo de siempre: en seleccionar, valorar, organizar y difundir la información contenida en publicaciones impresas o digitales. Fíjense que hago hincapié en la información y no en los medios o instrumentos usados para llevar esas tareas. Esto es importante, porque el objeto de nuestra profesión es la información y no los programas y dispositivos informáticos, que son una herramienta al servicio de los contenidos. Casi todos mis compañeros bibliotecarios no se percatan de lo dicho y piensan que su labor es dominar el manejo o el desarrollo de estos programas. Otros compañeros priorizan la gestión económico administrativa. Así no se sabe qué es exactamente un bibliotecario, pues cada vez se les confunde más con los informáticos y los gestores. Muchos colegas de promoción han terminado dejando la biblioteconomía y la documentación para dedicarse a la gestión de los cuerpos superiores de informática o de la administración y han salido ganando económicamente, con lo que la migración a otras profesiones aumenta progresivamente.

Los bibliotecarios siempre han dado mucha importancia a todo tipo de norma técnica. Yo mismo fui un talibán de los estándares documentales. Con los años comprendí que las normas contribuyen a la colaboración y a la transmisión de la información, pero también al excesivo control, a cierto totalitarismo. Hoy pienso que los estándares bibliográficos son necesarios, pero deben ser menos exhaustivos y más ágiles para facilitar la colaboración con las bases de datos de los servicios de índices y resúmenes, con el sector editorial y la consulta y servicio a los usuarios finales. A pesar de los medios existentes, seguimos multiplicando las mismas tareas (véase la indización de obras colectivas y revistas) y dedicando demasiados recursos para hacer las tareas conforme a unas normas complejas.

En cuanto a la atomización de las instituciones profesionales, la veía venir desde finales de los años 1970 y primera mitad de los años 1980. Y si tenemos en cuenta la naturaleza individualista, minifundista y localista de los nacidos en la península ibérica, la dispersión era fácil de preveer. Es imprescindible una unidad de las asociaciones profesionales y de los colegios profesionales para interactuar con los políticos y exponerles de forma clara y evidente cuál es la misión de las bibliotecas. También habría que reformar la formación de los futuros bibliotecarios adecuándola a la realidad y no a tanta elucubraciones teóricas y de métricas.

8. Re: Acerca de las Reflexiones sobre posibles razones de una minorización profesional excesiva y propuestas para su reversión
Nota enviada por la lista IweTel
17 de noviembre de 2021

Tomás Saorín Pérez, Facultad de Comunicación y Documentación, Universidad de Murcia

Ya que nos animamos a partir de la siempre certera voz de Lluís Anglada, simplemente quería recomendar leer el libro de David Lankes, editado en castellano por los profesionales valencianos, titulado «Ampliemos expectativas», donde con sentido trata de reconstruir el discurso bibliotecario hacia la creatividad, la producción y el compartir; evitando idealizaciones que se topan con una realidad de desintermediación y dislocamiento de todo lo que era sólido.

Y pensar en que la plataforma (sea eso la que sea) es lo que hace real nuestros deseos: el libro y las revistas han sido plataforma, pero ahora la plataforma es otra cosa menos nítida.

En IweTel ya debatimos poco, y ese libro debería circular por todas las asociaciones profesionales y redes vinculadas al servicio público, para dar pie a estrategias acertadas para hacernos mejores.

Edición PDF en castellano COBDCV:
https://cobdcv.es/recurso/ampliamos-expectativas-david-lankes

Edición html castellano ALDEE: 
http://www.muskiz-liburutegia.org/ampliemos

Los libros han cambiado, el acceso a la información también, las mediaciones también, la búsqueda, los medios…, y los conocimientos para lidiar con todo eso, también, y los lugares y las acciones para ser realmente útiles también. Creo que en el apartado de transformaciones necesarias hay que contemplar muchas cosas, como el diseño de servicios, o el acceso a la profesión, los aprendizajes promiscuos, y la maduración profesional para alcanzar puestos de gestión con capacidad de establecer rumbos y reasignar recursos.

Leamos el libro de Ampliemos expectativas, porque tiene alma e inteligencia. Y, antes de irnos, una cita del mismo:

Maestro, bibliotecario, mago, espía
Si os quedáis con una sola idea de este capítulo, que sea esta: deberíais esperar que vuestras bibliotecas faciliten la generación de conocimiento de modo proactivo. Es muy probable que os preguntéis: ¿Por qué esto es una biblioteca y no una escuela? De hecho, si repasamos las cuatro maneras en que los bibliotecarios facilitan la generación de conocimiento, podrían aplicarse también a los profesores, los periodistas e incluso a los editores. Ciertamente, la misión de mejorar la sociedad a través de la generación de conocimiento podría aplicarse a todos estos profesionales.
La respuesta corta es que las maneras de facilitar la generación de conocimiento no aplican de modo exclusivo a las bibliotecas, pero la forma en que lo logran sí. Las bibliotecas no se definen por sus edificios, sino por cómo combinan su misión, los modos en que facilitan la generación de conocimiento y, en último término, un conjunto de consideraciones éticas y de habilidades. Creo firmemente que, con el tiempo, los aspectos relativos a la facilitación del conocimiento que incumben a los periodistas, los profesores y los editores se parecerán cada vez más. Volveremos a tratar este tema cuando hablemos sobre «los facilitadores» en el Capítulo 7. Por ahora, necesitamos ahondar más en las consideraciones éticas previamente mencionadas y en lo que quiero decir exactamente con «mejorar la sociedad».

Saludos,
Tomás

P.D.: Nota a los editores de EPI, sería bonito que el artículo de Anglada creciera con la controversia generada. Que la publicación de un paper no sea un punto final, sino una puerta de entrada. Cartas con respuesta…

9. Re: Acerca de las Reflexiones sobre posibles razones de una minorización profesional excesiva y propuestas para su reversión
Nota enviada por la lista IweTel
19 de noviembre de 2021

La Junta Directiva de FESABID

Estimados colegas:

Continuando con la reflexión abierta por Lluís Anglada en su artículo Reflexiones sobre posibles razones de una minorización profesional excesiva y propuestas para su reversión, desde la Junta Directiva de FESABID queremos en primer lugar agradecerle sinceramente que haya abierto este debate, que invita a la reflexión sobre temas tan importantes y trascendentes para nuestra profesión y los profesionales de nuestro sector, y sobre los que nuestra Federación lleva años trabajando.

Desde FESABID, compartimos y agradecemos buena parte de las ideas expuestas, que ponen sobre la mesa temas que nos preocupan y sobre los que trabajamos y seguiremos trabajando, en todos los frentes posibles. Sin embargo, diferimos en fondo y enfoque en relación con algunos de los temas planteados.

Como Federación que agrupa a las principales Asociaciones y Colegios profesionales de nuestro país, y a archiveros, bibliotecarios, museólogos y documentalistas, con sus especificidades territoriales y profesionales, creemos que la evolución y transformaciones de nuestro sector en los últimos años constatan que esta diversidad, reflejo de la evolución de la propia sociedad y de nuestra estructura político-administrativa (necesaria para dialogar con las diferentes administraciones y vehiculada/unificada en líneas de actuación conjuntas a través de FESABID), más que una debilidad, es una fortaleza. Es una fuerza que suma, que habla de nuestra capacidad de adaptación, especialización y profesionalización, de nuestro peso y presencia transversal en múltiples ámbitos, que no ha hecho más que ampliarse y enriquecerse en los últimos años. Dar visibilidad y reivindicar esta diversidad es lo que lo convierte en fortaleza, y es labor de todos contribuir a reforzar esta presencia y relevancia social.

Por otro lado, la independencia de cada uno de los miembros de la Federación se aúna en FESABID en proyectos conjuntos de interés común, que trascienden las juntas directivas y son la verdadera esencia de la Federación. Un buen ejemplo es el Observatorio de Defensa de la Profesión, formado por asociados/colegiados de los miembros de la Federación, con el que creemos que se han dado pasos importantes en la defensa y dignificación de nuestra profesión en casos concretos. Y en esta línea están muchas otras iniciativas o grupos de trabajo de FESABID como “Bibliotecas y propiedad intelectual”, “Nuevos roles” y “Formación”.

Desde FESABID hemos abierto e impulsado espacios para reflexiones profundas sobre nuestra profesión, y en esa línea se centra por ejemplo la nueva edición del Foro de Reflexión que impulsamos desde el año pasado, con agentes diversos del ecosistema en el que trabajamos en nuestro sector, y centrado esta vez en la profesión, los profesionales y la profesionalización.

En FESABID creemos que son muchos los logros y transformaciones positivas que podemos observar en nuestro sector en las últimas décadas, y que, como decíamos anteriormente, son reflejo de la propia evolución social y política de nuestra sociedad. Puesto que queda aún mucho por hacer, necesitamos de todos una implicación activa y conjunta, de los profesionales y de asociados/colegiados. Todos componemos el tejido profesional y asociativo y de todos depende que sea fuerte, cohesionado y robusto.

Sobre esta base, seguimos trabajando por el presente y el futuro de la profesión. Os animamos a mantener vivo el debate, y a contar y colaborar de forma activa con asociaciones y colegios profesionales, como espacios de cooperación, enriquecimiento y reivindicación.

10. Re: Acerca de las Reflexiones sobre posibles razones de una minorización profesional…
Nota enviada por la lista IweTel
22 de noviembre de 2021

Luis Rodríguez-Yunta, Unidad de Apoyo a la Edición de Revistas
Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CCHS)-CSIC
https://listserv.rediris.es/cgi-bin/wa?A2=IWETEL;b28077b4.2111c

Como todos los debates sobre la profesión será difícil que no se queden en una estéril mezcla de golpes de pecho y dispersión de propuestas contradictorias. Pero bueno, el intercambio de opiniones es bueno en cualquier caso y esperemos que en algún momento se derrumben los corsés que encierran la realidad actual. A mí personalmente el artículo de Lluís Anglada me ha parecido un análisis interesante que se queda en casi nada a la hora de plantear soluciones. Más frío me ha dejado el mensaje oficial de Fesabid hablando de fortalezas, que solo serían tales si hubiera objetivos comunes que realmente no se perciben en la sociedad.

En el análisis previo yo echo en falta un aspecto a mi entender central: la desaparición de la intermediación. Es algo que afecta a muchos sectores como al librero de barrio, no solo a bibliotecas, etc., pues el consumidor hoy prefiere comprar directamente vía web en un medio controlado por grandes empresas que son cada vez más editoras y distribuidoras a la vez. Pienso que nuestra profesión vivió una época de transformación y apertura muy motivadoras con el inicio de Internet, donde nos veíamos como necesarios protagonistas. Pero la realidad ha acabado dejándonos no en el furgón de cola sino sencillamente en una realidad subterránea y oculta para la sociedad, que se percibe como superflua. El consumo y uso de información se ha mecanizado. Los robots, motores de búsqueda y sistemas de big data son ahora las herramientas esenciales para buscar y consumir información. Los intermediarios humanos no somos esenciales ni capaces de vender el valor añadido que podemos aportar. Las bibliotecas, archivos y museos permanecerán aunque debilitados, porque son estructuras administrativas, pero los documentalistas están desapareciendo.

Otro tema que me gustaría tocar: la universidad. A estas alturas no merece la pena debatir sobre si los estudios se plantearon bien, si han contribuido o no a profesionalizar el sector. Seguro que hubo cosas buenas y otras penosas, pero en definitiva sufren el mismo mal de la falta de visibilidad social. Creo que el problema de la falta de interés de los estudios deberán abordarlo los responsables universitarios por su cuenta y a los profesionales realmente no nos afecta generalmente lo que hagan en la universidad. Con ello me refiero a que estudios y desempeño profesional son cuestiones con bastante independencia, los estudios deben buscar una amplitud de posibles profesiones y no centrarse en uno concreto. En la universidad parece que los estudios de documentación se acabarán fusionando con los de comunicación por una simple necesidad de supervivencia de su profesorado. Personalmente en los 90 como profesional a mí hubiera gustado que se hubieran juntado los estudios de documentación con tecnologías de la información, enseñando a programar y personalizar programas, pero ese tren parece que no salió nunca de la estación y el propio alumnado que llegaba a los estudios no estaba en general interesado en ello.

11. Re: Acerca de las Reflexiones sobre posibles razones de una minorización profesional excesiva y propuestas para su reversión
Nota enviada por la lista IweTel
24 de noviembre de 2021

Isidro F. Aguillo, Editor Rankings Web

Estimados colegas:

Escribo en relación con la reflexión abierta por Lluís Anglada en su artículo Reflexiones sobre posibles razones de una minorización profesional excesiva y propuestas para su reversión por invitación del propio autor, que agradezco y al que pido disculpas por la tardanza en responder. Esa dilación me ha permitido comprobar que, salvo los nombres habituales, las reacciones han sido prácticamente nulas de un colectivo que supone en España varios miles de profesionales. Lo que independientemente de la identificación de causas o la propuesta de soluciones nos indica que como colectivo somos ajenos, e incluso hostiles, a un debate amplio y profundo sobre nuestra situación actual y las perspectivas de futuro. Y esto se refleja tanto en los foros propios como en los de terceros: Los primeros silentes e inútiles como hace tiempo que se convirtió esta misma lista, o desnaturalizados como algunas de nuestras revistas copadas por autores y temas ajenos, mientras que en los segundos perdemos peso o incluso presencia en areas que nos son propias de las que nos relegan sin contemplaciones otros colectivos.

Y hay culpables entre nosotros, empezando por quien debiera liderar la evolución profesional, el profesorado universitario. Algunos paracaidistas que nunca apostaron por su nueva profesión, los provincianos a los que les escalda el mundo exterior, los mediocres inseguros que prefieren la invisibilidad y los optimizadores a los que solo les guía los criterios que generen salario, para los que cooperar por un bien común es pecado capital.

También los profesionales funcionarios en bibliotecas y archivos que, una vez adquirida la plaza, mutan en autómatas sin iniciativa o, peor aún, se convierten en siervos obedientes de terceros que entienden nuestro trabajo como servidumbre de sus prioridades personales. Compañeros más fieles a la burocracia que a la innovación, defensores del siempre se hizo así, que celosos y temerosos de nuevas generaciones mejor preparadas, cercenan propuestas y ceden la iniciativa a otros grupos.

Y los nuevos titulados, crecidos en un mundo de lo políticamente correcto, donde la mínima crítica genera enfermedad mental y bloquea la participación. Y a pesar de su experiencia en técnicas informáticas avanzadas, un dominio real de idiomas, ser trotamundos erasmus mundi, son actores pasivos que por inacción, falta de apoyo o bloqueo malintencionado, siguen sin tomar el protagonismo que se les exige.

Hay excepciones, por supuesto.

¿Dónde?

Vuestro turno.

12. Reflexiones sobre reflexiones: a propósito de la carta de Lluís Anglada
29 de noviembre de 2021
http://blog.biblioteca.unizar.es/reflexiones-sobre-reflexiones-a-proposito-de-la-carta-de-lluis-anglada

Ramón Abad Hiraldo
exDirector de la Biblioteca de la Universidad de Zaragoza
rabad@unizar.es

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